El parto de las Concepcionistas
Nueve meses de rehabilitación. La Capilla de San Jerónimo recuperará su fisonomía original tras un proceso de restauración que comenzará en mayo
Las obras de restauración de la Capilla de San Jerónimo, en el interior del Convento de la Concepción Franciscana, darán comienzo el próximo mes de mayo y se prolongarán a lo largo de nueve meses. Los objetivos de estas tareas, adjudicadas por el Consorcio de la Ciudad de Toledo a la empresa Kérkide SL en casi 393.000 euros, son el saneamiento, rehabilitación integral y puesta en valor de este pequeño espacio mudéjar ornamentado en el primer cuarto del siglo XV.
Esteban Morcillo, restaurador responsable de este proyecto, explica que la Capilla de San Jerónimo -aunque remodelada parcial y un tanto agresivamente durante los años setenta- «ha permanecido bastante olvidada durante los últimos tiempos a pesar de su gran antigüedad e interés histórico artístico». Buena parte del mismo reside en la pequeña media naranja que remata la estructura -herencia de las qubbas o cúpulas de la arquitectura islámica- y es posible apreciar a simple vista desde la bajada hacia la plaza de la Concepción y el Hospital de Santa Cruz.
Los especialistas de Kérkide SL pretenden limpiar los paramentos exteriores de ladrillo y mortero y poner a punto el cupulín emplomado que protege el intradós de su bóveda alboaire (decorada con cerámica en el interior), una pequeña maravilla de la arquitectura mudéjar. «Es necesario sanear esta zona para evitar filtraciones y humedades», asegura Morcillo.
En el interior, la rehabilitación será mucho más integral. «Vamos a intentar recuperar, en la medida de lo posible, las antiguas pinturas murales que el espacio conserva», entre las que destaca una representación de la Misa de San Gregorio en la que se intuyen influencias italianas a pesar del mal estado de conservación. Por otra parte, el proyecto prevé recuperar el antiguo solado de la Capilla de San Jerónimo, tarea no especialmente sencilla al haberse sucedido numerosas intervenciones en el Convento de la Concepción Franciscana a lo largo de más de seis siglos.
Entre estas actuaciones sería posible citar, a finales del siglo XIX, el traslado e instalación de un arco mudéjar procedente del desaparecido edificio conocido como Palacio de Pedro I el Cruel, antiguamente situado en la plaza de Santa Isabel y cuyos restos son conocidos por medio de fotografías. «Tenemos la intención de retirarlo del lugar en donde se encuentra, porque se situó adosado a la pared sobre un pequeño murete de obra que nada tiene que ver con la capilla original por mucho que este arco proceda de un edificio de la misma época». Qué hacer con este arco mudéjar, dotado de la hermosa ornamentación vegetal en yeso característica de esta etapa, corresponderá al Consorcio decidirlo. «De momento no sabemos qué sucederá con él, si lo mantendremos exento en el interior de la capilla o será trasladado a otra ubicación», finaliza el responsable de las tareas de restauración de la Capilla de San Jerónimo.
Dos pequeñas capillas. El actual Convento de la Concepción Franciscana, situado en uno de los puntos más antiguos de Toledo, es uno de los edificios arquitectónicamente más complejos de toda la ciudad. La planta de este conjunto, bastante irregular -probablemente a consecuencia de la existencia de construcciones anteriores, los llamados ‘Palacios de Galiana’-, constituye todo un cúmulo de intervenciones desde finales del siglo XIII o comienzos del XIV hasta finales del XVI.
Las capillas de San Jerónimo y de Santa Quiteria -conocida también como Capilla de los Francos-, construidas entre finales del XIV y las primeras décadas del XV, son dos de los espacios más representativos del convento. La primera de ambas fue patrocinada por el mercader de paños Gonzalo López de la Fuente como lugar de enterramiento para él y para su esposa. Además de sus pinturas murales, en las que pueden percibirse ciertas influencias italianas y de las que más podremos conocer tras las tareas de rehabilitación financiadas por el Consorcio, es posible destacar la impresionante bóveda revestida de piezas de barro cocido y vidriado. El espacio albergó también un zócalo de azulejería de Manises (Valencia) que hoy ya no permanece en su interior.
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