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Mira que no me gusta entrar en temas controvertidos, pero es que hay cosas...
El cambiar el nombre de las calles es algo meramente evolutivo. Las ciudades cambian, evolucionan, ven pasar la historia y la mayoria de sus calles se adapatan a esa evolución. En ciudades pequeñas, como es el caso de la ciudad de Toledo, el nombre de las calles es una mera anécdota. Seguramente que muchos, cuando hayan leido la propuesta aprobada por el pleno del Ayuntamiento, habrán tenido que recurrir al mapa para buscar cuáles son las calles Alféreces Provisionales y General Moscardó y se habrán dado cuenta que son las vías que rodean el ALcázar y que seguro que han transitado miles de veces. A mi me sigue pasando. Después de treinta años, sigo conociendo calles más por los comercios y por los monumentos, que por el propio nombre oficial.
Pero, más allá de lo anecdótico de cambiar el nombre de una calle, por muy cursi que sea el nombre propuesto (lo de Calle de la Paz está curradísimo), la iniciativa es de un simplismo que alucina. No se trata de crear un Memoria Histórica, dado que éso es una empresa imposible (algo tan particular como la memoria rara vez puede ser colectiva) sino de contentar a un electorado que comenzaba a ponerse nervioso, justo a un año de las elecciones. Como he dicho, que una calle se llame General Moscardó o Cuesta de los Capuchinos, es una simple anécdota. Lo importante sería que, objetivamente, los ciudadanos sepan quien era Moscardó y no se dejaran llevar por la propaganda de uno u otro lado. Como se ha manifestado en otros hilos de este foro (Deudas de Toledo con personajes históricos) tenemos suficiente cantera para honrar con calles en la ciudad de Toledo. Claro, que encima hay que velar porque haya el mismo número de calles con nombre de hombres que de mujeres (si me permitis la expresión, hay que joderse) Lo de las placas, otra cosa igual. Apuesto lo que queráis que, gracias a la iniciativa del grupo de Izquierda Unida, ha habido ciudadanos que, por primera vez, han reparado en esas placas. Está bien, porque seguro que ha habido alguno que ha aprovechado para informarse de quién eran esos señores que aparecen en ellas. Luego está la segunda parte del tema, ¿qué ponemos en los huecos que dejen las placas? ¿Colocamos una plancha de granito tan "vistosa" como la que tapa la hornacina del Ayuntamiento? ¿Parcheamos fachadas? Sin embargo, en mi opinión, el problema que subyace, es el de querer interpretar la historia oficialmente y no dejar que cada cual busque, lea y saque sus propias conclusiones. Corrermos el riesgo de que haya gente que concluya que la II República fue un paraiso de libertades y haya otros que piensen que la dictadura fue la panacea de todos los males. Cuando paseo por las calles de mi ciudad y veo monumentos y calles dedicados a Alfonso VI, a María de Pacheco, al Cardenal Cisneros o a Sixto Ramón Parro, no me paro a pensar si eran héroes o villanos. Éso ya lo descubriré luego, cuando me informe y lea sobre lo que hicieron o dejaron de hacer. Prefiero pensar que forman parte de la historia de lo que fuimos y que, para bien o para mal, han influido en lo que somos. En mi opinión, discutible seguro, es mejor dejarlo así.
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